Querido y querida asociada ❤️,
De vez en cuando, entre tantas prisas y tanto ruido, aparece una idea sencilla que se queda dentro de la cabeza y no sale, una idea que sin ser grandilocuente, se va convirtiendo en una gran idea: que nuestros hijos e hijas puedan crecer haciendo algo que tenga sentido, con personas reales y necesidades reales.
Y eso fue lo que nos trajo una reunión muy bonita que hemos tenido estos días con el voluntariado de Cruz Roja Málaga. No fue una charla de teoría. Fue escuchar a alguien que dedica parte de su tiempo a acompañar, organizar, ayudar, estar… y que nos contó de primera mano cómo el voluntariado puede ser para nuestros hijos/as un espacio donde aprenden cosas que no caben en un horario escolar: responsabilidad, empatía, trabajo en equipo, paciencia, compromiso, y también esa alegría (muy poco “instagramable”) de sentirse útiles.
Nos contaron que han bajado la edad mínima para ser voluntario/a de 14 a 12 años. Sí: desde los 12 ya se puede empezar, siempre con actividades adecuadas a su edad.
Y algo que nos gustó especialmente: no hay una sola manera de ser voluntario/a. Hay distintos niveles de implicación y dedicación. Es decir: no se trata de “meterse en algo enorme”, de estar todas las semanas, de un compromiso agotador, sino de abrir una puerta y ver qué encaja en vuestra vida familiar.
¿Cómo se hace?
Si os apetece explorar esta idea en casa, os animamos a:
- Entrar en la web de Cruz Roja y buscar la opción de “Hazte voluntario/a”.
- Rellenar los datos de quien va a realizar el voluntariado (en este caso, tu hijo/a).
- Después, os llamarán o enviarán un email para una reunión informativa y de orientación, según la ciudad en la que viváis, donde explican las opciones cercanas, cómo funciona y cuál puede ser el primer paso.
(Web de Cruz Roja: https://www2.cruzroja.es/ )
Y por qué te lo contamos (y por qué creemos que importa tanto)
Porque vivimos en un mundo que empuja a lo rápido, a lo inmediato, a lo superficial, a lo que entretiene un segundo y se olvida al minuto. Un mundo donde, a veces, las pantallas llenan horas y vacían experiencias.
El voluntariado va justo en la dirección contraria. Enseña a esperar, a volver, a sostener un compromiso. Entrena la atención —la de verdad—, la que mira al otro. Y les recuerda algo esencial: que la vida no es solo “contenido”, ni “scroll”, ni “me gusta”… que también es presencia, vínculo y cuidado.
Y aquí conectamos con algo muy nuestro: sabemos que tres factores protectores para reducir malos hábitos y conductas de riesgo en la adolescencia son:
- una buena relación con nosotros (sus padres/madres),
- una red de amigos que les sostenga,
- actividades que les gusten y les llenen.
El voluntariado apunta de lleno, al menos, a dos: pertenencia (red) y sentido (actividad que nutre). Y, muchas veces, también mejora el primero, porque cuando nuestros hijos encuentran espacios sanos fuera de casa… la convivencia en casa respira mejor.
A los 12, 13 o 14 años no se trata de cargarles con responsabilidades de adultos. Se trata de ofrecerles experiencias con sentido, donde descubran que pueden aportar, que su tiempo cuenta, y que hay lugares donde se aprende a mirar al otro. Y, casi sin darse cuenta, el voluntariado les regala algo difícil de encontrar en lo inmediato: la calma de hacer algo bueno y volver a casa con el corazón un poco más grande.
Si os animáis, nos encantará que lo compartáis con la asociación. Iremos recogiendo experiencias e ideas para inspirarnos unas familias a otras (sin prisa, sin presión).
Un abrazo (voluntarioso),
María Vidal Denis
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