Querido y querida asociada
:
Llega la Navidad.
Y con ella, los compromisos, las comidas interminables, los planes “imprescindibles”, las compras de última hora, los regalos perfectos, las fotos bonitas… y esa sensación tan conocida de ir siempre un poco tarde y un poco peor.
Porque si hay una época del año que dispara nuestra autoexigencia, es esta.
Queremos que todo sea mágico, inolvidable, especial para nuestros hijos… y también para nosotros mismos. Y, sin darnos cuenta, convertimos unas fiestas pensadas para disfrutar en una auténtica carrera de obstáculos emocionales.
Sin embargo, si algo sabemos —porque lo vemos en casa y en consulta— es que lo que nuestros hijos recordarán de la Navidad no serán los menús elaborados ni los planes sofisticados, sino algo mucho más sencillo:
el tiempo compartido, la presencia real, la calma y las pequeñas tradiciones.
Decorar el árbol juntos y poner el Belén.
Una tarde de manta y peli.
Ver el Belén del Ayuntamiento, los puestecillos del parque y terminar con unos buñuelos calentitos.
Menos perfección, más presencia
Quizá estas Navidades no horneemos galletas de jengibre dignas de Instagram.
Quizá nuestro árbol quede “como quede”, porque hemos dejado que lo decoren ellos.
Quizá el Nacimiento nunca esté perfectamente colocado, porque las figuras se mueven, se tocan y se convierten en juego.
Quizá cambiemos un gran plan por una tarde tranquila en casa.
Y no pasa nada.
De hecho, suele pasar algo mucho mejor: los niños están bien.
Más tranquilos.
Más conectados.
Más presentes.
La infancia no necesita padres agotados intentando llegar a todo, sino adultos disponibles que sepan frenar, elegir y priorizar.
Y eso —aunque no siempre lo parezca— también es educación digital.
Desde Educación Digital Responsable creemos firmemente que proteger la infancia y la adolescencia empieza muchas veces por decisiones pequeñas, especialmente en momentos simbólicos como la Navidad.
Este año, quizá el mejor regalo no venga envuelto en papel brillante.
Quizá sea tiempo.
Quizá sea presencia.
Quizá sea mirar menos una pantalla… para mirarlos más a ellos.
Quizá sea decir “no” a un dispositivo, para decir un “sí” enorme a una relación que se construye despacio, con calma y con cariño.
En este contexto, desde Educación Digital Responsable queremos compartir y apoyar una campaña que nos parece especialmente oportuna y necesaria.
El Colegio Oficial de Médicos de Málaga —al que adoramos— ha presentado, dentro de su proyecto Pantallas saludables (del que formamos parte), una iniciativa de concienciación que pone palabras —y evidencia científica— a algo que muchas familias ya están percibiendo en casa.
¡Feliz Ansiedad!
Una campaña valiente, directa y muy navideña en la forma… pero nada ingenua en el fondo.
Su mensaje es claro: regalar pantallas a los hijos no es un gesto inocente.
Ansiedad, insomnio, dificultades de concentración, problemas emocionales, sedentarismo… no son hipótesis ni alarmismos: son realidades clínicas que los profesionales sanitarios ya vemos cada día.
Una invitación a parar.
A pensar.
A decidir con información.
Porque convivir con las pantallas no significa rendirse ante ellas.
Con cariño, María Vidal Denis,
porque educar también es atreverse a ir a contracorriente.


Deja una respuesta